Diez títulos deportivos imprescindibles

06/07/2013 § Deja un comentario

1. Historias del Calcio. Enric González.Imagen

Las columnas que Enric González escribió en El País desde 2003 a 2007 son lo mejor que se ha escrito sobre fútbol en nuestra lengua, con permiso de Fontanarrosa y su 19 de Diciembre de 1971 (bit.ly/nWDo8). Si a uno le gusta el fútbol y la literatura este libro es imprescindible.

2. El ritmo de la cancha. Jacobo Rivero. Imagen

Trece historias deliciosas que nos hacen recorrer el mundo geográfica e históricamente a ritmo de jazz. De la Segunda Guerra Mundial a Palestina, pasando por la siempre presente Nueva York, los “cancheros” argentinos, etc. El baloncesto es universal y este libro nos lo demuestra con esas historias que nos llevan a lo más importante y bonito de este deporte. Una grata sorpresa.

3. Grupo Salvaje. Manuel Jabois. Imagen

Si aun no saben quién es Jabois se están perdiendo a uno de los mejores escritores de la actualidad (bit.ly/1a1fzeX). Pertenece a la magnífica colección Hooligans Ilustrados de la Ed. Libros del KO. Jabois nos cuenta el madridismo ligado a su infancia desde su particular y adictiva prosa.

4. Ajedrez y Ciencia, pasiones mezcladas. Leontxo García. Imagen

El ajedrez además de ser una mezcla de juego, arte y ciencia es un deporte. Y Leontxo García toda una institución a nivel mundial dentro del mismo. Este libro editado por la prestigiosa Drakontos, además de una auténtica joya, es una introducción a todas las ramas de la ciencia relacionadas con este juego. Los encuentros que narra Leontxo con el mítico Bobby Fisher es más que suficiente para pagar su importe.

5. El sueño de mi desvelo. Antoni Daimiel. Imagen

Este libro tiene algo de sentimental para los que nos enamoramos del baloncesto con las narraciones de Andrés Montes y Antoni Daimiel sobre la NBA en Canal+. Las andanzas de los dos comentaristas por EEUU sacarían una sonrisa hasta a Marhuenda.

6. El autoestopista de Grozni y otras historias de fútbol y guerra. Ramón Lobo. Imagen

Otro más de la colección Holigans Ilustrados. El veterano corresponsal de guerra Ramón Lobo nos cuenta como el fútbol también tiene cabida en los principales conflictos de finales del siglo XX y principios del XXI, desde Grozni a Sarajevo, y desde Sierra Leona a Irak. Por ejemplo, durante la guerra de la ex Yugoslavia, el propio Ramón Lobo sirvió como correo para mantener en contacto al futbolista Meho Kodro con su familia.

7. Plomo en los bolsillos. Ander Izaguirre Imagen

Por este libro ruedan los más grandes de la historia de la ronda gala, y del ciclismo en general, pero también lo hacen los eternos segundones e incluso grandes perdedores y personajes anónimos que nunca ocuparon el destacado lugar que merecían en la historia. En Plomo en los Bolsillos tienen cabida los otros protagonistas del Tour que nadie recuerda, y que tienen historias igual de interesantes (si no más) que las de los vencedores.

8. Ganar es de horteras. Guillermo Ortiz Imagen

Otra grata sorpresa. Guille Ortiz forma parte de la nueva generación de prometedores escritores (bit.ly/Ls2fSU). Igual que Enric González pone de escusa el Calcio en sus Historias del Calcio para hablarnos de otras muchas cosas, Ortiz lo hace con el Estudiantes. Lectura deliciosa que se hace corta.

9. Futbolistas de izquierdas. Quique peinado Imagen

Quique Peinado nos cuenta la historia de unos cuantos los futbolistas que han dado el paso de manifestar sus ideas políticas y su compromiso con la izquierda, sin temor a las posibles represalias y jugándose el tipo en algunos casos de forma literal. Aunque el libro no es tan literario como otros títulos aquí nombrados, el trabajo de documentación es irreprochable.

10. Correr. Jean Echenoz Imagen

Libro del genial escritor francés basado en la dura vida del atleta checo Emil Zátopek, una de las leyendas del atletismo. Un clásico.

Genios Y Locos De Los Escaques

24/02/2013 § 3 comentarios

El ajedrez es, junto a las matemáticas y la música, la actividad que más niños prodigio produce. Para hacerse una idea de la complejidad de éste juego, híbrido de deporte, ciencia y arte, basta decir que el número de partidas posibles que se pueden desarrollar en el tablero es mayor al número de átomos que hay en el universo, 10120 por 1080.

 

http://en.wikipedia.org/wiki/Shannon_number

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La relación entre mentes brillantes y actitudes extravagantes ha sido una constante en la historia del ajedrez. En un ensayo titulado de manera magnífica Cómo la vida imita al ajedrez, Gary Kasparov habla de las extrañas fobias contraídas con el tiempo por las leyendas de éste juego. Akiba Rubinstein, por ejemplo, empezó a ser víctima de una timidez patológica. Tras realizar un movimiento, corría a esconderse en un rincón de la sala a esperar la réplica de su adversario.

Bobby Fisher, el americano que acabó con la hegemonía soviética,poseía más coeficiente intelectual que un tal Einstein. A un joven Fisher le preguntaron en una ocasión quién era el jugador más fuerte del mundo. Puso tal cara de asombro que el interlocutor tartamudeó: “Aparte de ti, claro”. Su carrera profesional estuvo repleta de imprevistos, desplantes, abandonos, polémicas, revuelo mediático y político y sobre todo un aura de leyenda que, para bien o para mal, le convirtió en uno de los personajes más emblemáticos del siglo XX.

Fue en el Washington Square Park de Manhattan dónde el propio Fisher empezó Imagea deslumbrar con su preciso juego. Hace ya muchos años que allí se ganan la vida un grupo de jugadores apostando a partidas rápidas o blitz. Entre ellos estuvo un día el director de cine Stanley Kubrick, quién subsistió gracias a esas partidas en un inestable periodo de su vida. De Kubrick se sabe que elegía para sus películas a actores que supiesen jugar al ajedrez, para así soportar mejor los largos tiempos de rodaje.

El actual número uno del mundo, el noruego Magnus Carlsen, ha superado lo que años atrás parecía inalcanzable, el récord histórico de Kasparov de 2851 puntos ELO, y con tan sólo 22 años. Cuando tenía 4 años, Carlsen empezó a leer un libro sobre Noruega y sus pueblos. Al poco tiempo, dejó impresionados a sus padres al ver qué, allá dónde viajaban, el pequeño Magnus conocía, no sólo todos los pueblos, sino su número exacto de habitantes. Con 13 años, en su primer enfrentamiento contra el propio Kasparov, consiguió lo que pocos jugadores de élite podían lograr en aquel momento, hacer tablas . Al día siguiente, en la segunda partida, no pudo evitar la derrota, y  muy cabreado después de la misma exclamó “¡he jugado como un niño!”.

El genial ucraniano Vasili Ivanchuk, cuyo inestable sistema nervioso le ha privado, probablemente, de ser campeón del mundo, contaba durante el último torneo de Gibraltar, Imageuna anécdota que describe a la perfección su particular forma ser. Era el año 1996 y estaba en juego el duro torneo de Las Palmas. Era de noche y al día siguiente le esperaba nada más y nada menos que Anatoli Karpov. Pero eso a Vasili no le preocupaba, tenía otras cosas en la cabeza. Necesitaba saber la forma de hallar que un número fuese divisible por siete, sin tener que realizar la división. Él ya sabía que los matemáticos habían hallado esa fórmula muchos años atrás, pero quería descubrirla por sí mismo. Sobre las cinco de la mañana lo consiguió, ya tenía la dichosa fórmula. Al día siguiente firmaría tablas en una partida que duró seis horas contra uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

En el XXVIII Campeonato del Mundo que en 1978 enfrentó a Karpov y Korchnoi, sucedieron una serie de disparates más cercanos a un sketch de La Hora Chanante que a un Campeonato del Mundo de ajedrez. Se cuenta que se tuvo que poner un tablón separador debajo de la mesa porque se daban patadas. Korchnoi se quejaba de que a Karpov le pasaban mensajes codificados en los yogures que comía durante la partida. Karpov contrató a un parapsicólogo que se sentaba en la primera fila del público, con el fin de mirar fíjamente a Korchnoi y desconcentrarle. A lo que el propio Korchnoi contrarrestó, de manera tan infantil como brillante, poniéndose unas gafas de espejo, en las que Anatoli podía ver reflejado el tablero.

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