A propósito de Ávila Medieval

12/09/2013 § 1 comentario

Una vez concluidas las fiestas, desde La Colonoscopia analizamos ciertos aspectos de la misma que no podemos pasar por alto.

Los disfraces:

Según la forma de disfrazarse en Ávila Medieval cohabitan cuatro tipos de grupos:

–          La gente que se disfraza con trajes baratos. Suelen ser gambiteros que lo mismo les da Ávila Medieval que la tomatina de Buñol o San Fermín. Su objetivo no es otro que estar desde las cinco de la tarde a vinates hasta que el cuerpo o la policía diga lo contrario.

–          La gente que se disfraza con trajes caros. Este es un grupo variado. Por una parte están los abulenses a los que les gusta ir bien vestidos y se gastan los cuartos. Por otra parte está la gente bien de Ávila que quiere impresionar a sus amiguetes venidos de Madrid con un traje a lo Felipe II. Y por supuesto también están en este grupo los concejales del ayuntamiento.

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–          El tercer grupo es el que más nos gusta a los de este blog. Es esa gente que utiliza el mismo traje para carnaval y para medievales. Esa es la gente que necesita este país. Gente austera de la que Merkel se sentiría orgullosa.

–          En el último grupo está la gente que no se disfraza. Mi opinión es que estos son votantes de UPyD. Pero es una teoría aún por desarrollar.

Mención aparte merecen las tenderas vestidas de cortesanas. Me pregunto por qué es necesaria una excusa como los medievales para que las mujeres vistan así. Debería ser algo constitucional. Si nos jactamos de ciudad accesible, los escotes de nuestras chicas deberían de ser prioritarios.

Espectáculos:

Como todos los años, los espectáculos son más de mortadela que de caviar. El programa sería muy completo si no fuese porque el 80% de los mismos se repiten a lo largo de los días varias veces. Uno de ellos destaca por encima del resto, me refiero a GZARKÚK, el increíble hombre orquesta. Así le definen en el programa de las jornadas medievales:

Personaje que habla en su propio idioma para crear un clima mágico allí por donde pasa… montado sobre un triciclo de madera, pieles, cuernos y multitud de instrumentos… gaita, alboka, acordeón diatónico, flautas, pitos, percusión y sonidos de la naturaleza”.

O como lo definirían en mi pueblo: “Un tío tocando la flauta en una bicicleta llena de mierda”. (http://www.youtube.com/watch?v=6_x97vElTAI)

El gran GZARKÚK actuó diez veces en el fin de semana de las jornadas medievales. Para que luego os quejéis cuando vuestro jefe os hace echar unas horitas de más…

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La actitud de la gente:

Veamos, querido conductor. Si para aparcar el coche uno se tuvo que dar tres vueltas alrededor del parque de San Antonio, además de rezar un Padre Nuestro y un Ave María…¿de verdad crees que vas a aparcar tu Mercedes en la jodida puerta de San Vicente?

Pero sin lugar a dudas, para quien esta fiesta supone algo más es para el irreductible grupo de perroflautas abulenses. El fin de semana de las jornadas medievales es su particular fiesta de la democracia.  Ese fin de semana en el que sus atavíos van acorde a los de la muchedumbre. Ese fin de semana en el que los ciudadanos no solo no llaman a la policía al presenciar sus batucadas y biodanzas, sino que lo celebran. Ese fin de semana en el que abren sus vinos de tetrabrik en el Chico sin que nadie les incordie. Este post va por ellos.

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